martes, 5 de agosto de 2008

Mi confrontación con la docencia



De profesión, soy Licenciada en Derecho, y la elegí por considerarla una de las ciencias sociales más humanística y elemental, que permite velar por los intereses de nuestra sociedad, no obstante, de que una gran mayoría del resto de los profesionistas que practican diversas, no tienen una opinión positiva de ella, tornándose sus comentarios muy irrespetuosos con todos aquellos que elegimos estudiar esta profesión y, soslayando, que toda actividad está regida por el derecho, hasta la propias actividades de aquellos que no simpatizan con los “abogados”, y que, en ciertos momentos requieren de asesoramiento legal. Es de mencionar que no obstante la profesión que elegí, siempre, en mi interior, desde pequeña, con mis amiguitas de la escuela primaria y del barrio, participábamos en el juego de la “escuelita”, en donde normalmente representaba el papel de maestra, es decir, la que impartía y proporcionaba sus conocimientos a sus alumnos, situación que de alguna u otra forma, en el devenir de nuestras vidas así lo hacemos, esto es, sin propósito alguno, nos convertimos en maestro del amigo , de nuestros hijos, del abarrotero, etc.
Esta inquietud infantil y de la vida, me llevó a participar en la docencia, lo que se dio sin buscarlo, ya que dado la poca experiencia en mi profesión de origen, obvio, pocas eran las personas que recurrían en la contratación de mis servicios profesionales y, aproximadamente a los tres años de haber egresado de la misma, por invitación de una amiga, quien me comento que ella estaba dando clases en una escuela particular y que percibía un salario que le permitía obtener un ingreso con el cual sufragaba sus gastos personales, me inicie en la docencia, es decir, la necesidad de tener un ingreso económico, fue factor fundamental para iniciarme en el ámbito de la educación y, día con día, me fui y sigo preparando para dar lo mejor de sí en beneficio de mis alumnos, decisión de la que hoy me siento orgullosa.
Ser profesor, maestro, mentor, facilitador o el término que más se adecue a mi labor dentro de un centro educativo e incluso fuera de él, me hace pensar que es una actividad, que aunque muchos la ejerzan, pocos lo harán con dedicación, honestidad y amor hacia o para con sus alumnos, lo que me permite sentirme orgulloso de poder compartir mi preparación académica y vivencias personales con mis educandos. Actualmente soy parte de la plantilla de maestros del sistema de educación media superior, lo que me permite interactuar con jóvenes de 15 a 18 o 19 años de edad, lo que me da acceso a estar al día o a la época, con sus modas y costumbres e incluso “lenguaje”, nutriéndome de su juventud, compartiendo sus alegrías y tristezas, carencias, responsabilidades, es decir, lo humano de ellos. Es de hacer notar que dada la edad en que tomamos a estos alumnos de la educación media superior, es un mucho peligroso, considerando de que los de primer semestre aun conservan su mentalidad de niños, y al devenir de los semestres, van cambiando su mentalidad, tratando de comportarse como adultos sin responsabilidades; en el ámbito académico, el joven es dúctil y muy capaz, con la mente abierta para adquirir los conocimientos que se le proporcionan e investigue. Todo esto me llena de más energía para continuar con mi actividad de docente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola nuevamente colega:

Al igual que tu soy abogada,profesión que tuve que estudiar ya que mis padres no me permitieron irme de la ciudad para estudiar para Mestro, por lo cual considere que la carrera de Derecho es humanitaria es que decidi estudiarla. Con el tiempo se me presento la oportunidad de hacer lo que siempre soñe ser impartir clases y la verdad no me arrepieto no ejercer la carrer como Abogado.
Coincido con tigo, al señalar que nos critican muchos (a los abogados) y es que por unos que son corruptos todos la pagamos.